PABLO Y EL 3 DE ENERO DE 1931

El 3 de enero de 1931 es una fecha significativa en la vida de Pablo de la Torriente Brau. Tiene 30 años y el año anterior, 1930, se ha casado con Teté Casuso y publicado su libro de cuentos Batey, en coautoría con su amigo Gonzalo Mazas Garbayo. Pero en 1930 también ha recibido su bautismo de fuego, el 30 de septiembre, durante la manifestación estudiantil en que Rafael Trejo cae asesinado y él, Pablo, sale con una seria herida en la cabeza. A partir de este momento Pablo ya está marcado, está señalado como un opositor de cuidado de la dictadura de Gerardo Machado. Y no están equivocados los sicarios.

 

Desde 1929 Machado ha iniciado su segundo período presidencial, este alargado a seis años por la reforma constitucional aprobada por el Congreso. La prórroga de poderes, como se le conoce, ha originado una fuerte y masiva indignación entre todos los sectores cívicos de la sociedad. Y a la oposición popular se contrapone el incremento de la represión gubernamental que por cierto no es solo en La Habana, sino que comprende a la Isla toda.

 

En la tarde del 3 de enero de 1931 fue detenido el grupo de revolucionarios reunidos en la casa del periodista Rafael Suárez Solís, en la calle Línea, El Vedado. Allí, además de Pablo, estaban Raúl Roa, Aureliano Sánchez Arango, Ramiro Valdés Daussá, Porfirio El guajiro Pendás, Roberto Lago, Carlos Prío Socarrás, Rubén León, Marcio Manduley, Juan Febles y algunos más, entre ellos compañeras incorporadas a la lucha antimachadista.

 

Sorprendidos y sin armas, apresados todos (menos Rubio Padilla que pudo ocultarse dentro de un escaparate), de allí salieron encañonados por la policía secreta para los carros jaulas de la policía en tanto los vecinos se arremolinaban para ver lo que ocurría. En un principio se piensa en una posible delación, pero Pablo reconoce que no se tomaron las debidas precauciones: “La realidad es que le habíamos perdido el respeto a la policía y que llegábamos a las casas, pésimamente escogidas, sin ninguna preocupación”. La prensa del día siguiente recoge sucintamente el apresamiento de los revolucionarios.

 

El traslado por las calles de La Habana lo realizaron los revolucionarios dando gritos desaforados de protesta. Primero se les condujo a la Jefatura de Policía, después al Muelle de Caballerías (como si los fueran a trasladar a La Cabaña)  y finalmente al Castillo del Príncipe, donde se les destinó a la Galera 12.

 

El espíritu reinante en las galeras lo cuenta Pablo: “Desde la de enfrente el resto de los presos políticos, capitaneados por Armando Feito, nos hicieron un recibimiento lleno de entusiasmo y simpatía”.

 

Aunque Pablo hace el relato en su serie de reportajes 105 días preso, publicado en el diario El Mundo, preferimos reproducir aquí lo que cuenta Ofelia Domínguez, revolucionaria de larga trayectoria apresada allí junto a ellos. Y lo hacemos porque Pablo, tal vez por evitar el protagonismo inmodesto o porque estaba tan iracundo que no lo recordaba, no menciona este pasaje en su reportaje. El relato de Ofelia Domínguez es menos conocido, pero sí muy ilustrativo del arrojo de Pablo. Aquí va:

 

Desde la casa de Línea número 106, hasta la cárcel, el griterío era imponente, dominando los gritos de ¡Abajo el tirano...!, ¡Abajo el asesino…! ¡Abajo el imperialismo yanqui…! De pronto la voz fuerte y vibrante de Torriente Brau preguntó: ¿Quién mató a Mella?  Un coro de voces de una y otra jaula contestó: ¡Machado, Machado! Así siguió la interrogación sobre distintos asesinatos del tirano.

 

Los infortunios que vivieron Pablo  y sus compañeros a partir de aquel 3 de enero de 1931 constituyen el asunto (verídico y dramático) que por entregas publicó el periódico El Mundo entre el 26 de abril y el 8 de mayo de 1931 bajo el título 105 días preso.

 

El impacto estremecedor que causó el testimonio de Pablo entre los lectores lo dio a conocer, ya en aquella fecha, como uno de los periodistas más atrevidos, veraces e informados de la prensa cubana.