PABLO Y LA EDUCACIÓN

Quizá alguien se sorprenda con cuanto Pablo de la Torriente Brau escribió acerca del tema de la educación en Cuba. Lo que sucede es que buena parte de sus artículos sobre este asunto se publicaron 80 años atrás en el periódico Ahora, y hace solo unos pocos meses volvieron a ver la luz en una compilación bajo el título Pablo en Ahora,  de Ediciones La Memoria, texto revelador de los muy diversos intereses que el héroe de Majadahonda abordó en su periodismo.

 

Pablo recorrió la Isla con su libreta de notas y se alarmó ante el estado de abandono de la educación en Cuba. Le interesa por igual detenerse y averiguar qué pasa en las escuelas primarias, cómo se comportan las de enseñanza técnica —de hembras y de varones,  de comercio—, las colonias infantiles para niños subalimentados… A Pablo le preocupa todo, y por supuesto, la precaria subsistencia de los maestros de las escuelas públicas en el interior del país.

 

El 14 de julio de 1934 denuncia en Ahora, con datos y estadísticas, el estado de la instrucción pública. Para ello, además de ejercer el periodismo de investigación, recurre a la entrevista de una maestra con larga experiencia:

 

En Cuba, según el Censo, hay 1 930 046 niños. De estos, solo saben leer 523 140 mientras que 1 406 904 permanecen analfabetos para la enseñanza oficial.

De esos casi 2 000 000 de niños, solo 278 150 tienen acceso a las escuelas públicas, y de ellos pueden leer 160 047, y 118 103 no conocen la lectura.

Si estos datos no resultan “noticia”, me dijo la señora Amparo Alonso, “más noticia que una puñalada o una bomba, entonces no sé nada de nada”. Y tiene razón. Si no es noticia el denunciar que más de un millón y medio de niños no están matriculados en las escuelas, es porque de veras el petardo y la navaja han solicitado su ingreso en la heráldica nacional.

 

Mas no es todo. La desvergüenza y el latrocinio no tienen límites, y Pablo los desvela de un modo irrebatible en otro de sus trabajos en Ahora:

 

El presupuesto de la secretaría de Educación tiene un insaciable vampiro. Este vampiro no es otro que la consignación para el pago de alquileres de las escuelas. (…) Solo la ciudad de La Habana paga $7 073.04 mensuales por el alquiler de las 85 casas que ocupa!

 

“Y lo peor es —nos dice al señora Amparo Alonso— que casi todas esas casas pertenecen a ‘pejes gordos’, a ‘figurones’ del tiempo de Machado, que se han buscado un subarrendador cualquiera, un testaferro de alquiler, y de ese modo continúan percibiendo retribución del Estado… Además, casi todas esas casas —quítele el casi— están en pésimas condiciones sanitarias”.

 

También resulta interesante escuchar las consideraciones de Pablo acerca de la importancia de las escuelas técnicas para hembras y para varones. Sus concepciones revelan un enfoque educativo de avanzada, comprometido con los intereses nacionales. Advierte que son necesarias cuando menos dos escuelas de este tipo en cada capital de provincia “para un país como Cuba, que pretende levantar una industria”, al tiempo que se duele de la insuficiencia de apoyo gubernamental.

 

Y en el que es uno de sus últimos artículos para el diario Ahora, fechado el 13 de febrero de 1935, Pablo conjuga la denuncia, la búsqueda in situ y el humor sarcástico para mostrar el estado de la educación en una comunidad pobre de Santiago de Cuba adonde se ha trasladado como testigo de cuanto cuenta:

 

Ayer por la tarde me fui a Fernando Poo, pasando por Tambuctú y con escala en Tangañica… (Si a algún geógrafo eminente le extraña el estrafalario rumbo del viaje, debo decirle que Fernando Poo queda ahora en el Reparto Las Yaguas, mejor organizado que nuestro municipio y casi tan sucio como los pobres barrios de los pobres en Santiago de Cuba…)

 

Fui a Fernando Poo – Las Yaguas, porque me dijeron que un grupo heroico de misioneros de la enseñanza se había arriesgado a penetrar en aquella inmundicia, en donde más de un millar de niños hambrientos y enfermizos vivían en la más absoluta ignorancia, para llevarles “el pan de la enseñanza”…

 

(…) En total son 18 maestros y maestras, de los cuales 14 son desocupados y 4 tienen aulas. Y si los primeros tienen mérito, al prestarse a servir gratuitamente, más aún lo tienen los otros, los que ya, como Rosita Leclerq, tienen trabajo.

 

Ellos están dando clase, enseñando a leer a 800 niños, blancos y negros, varones y hembras, De ese número solo unos 20 o 30 saben leer y sumar… Los demás están aprendiendo, y las madres y los padres de muchos se ponen a oír, para aprender también, porque no saben y no entran a la clase porque les da vergüenza haber “llegado a viejos y no saber”.

 

A Pablo lo animó el espíritu martiano e hizo suya una frase del Apóstol: “La educación es como un árbol: se siembra una semilla y se abre en muchas ramas”. Vale la pena recorrer sus páginas sobre el tema.